Si la hay, yo no la tengo.
Lo que hay, creo, son ciertas pautas a tener en cuenta.
Algunas de estas pautas son aplicables prácticamente a cualquier caso.
Por ejemplo, a la hora de escribir una novela hay que tener en cuenta:
- El tema
- El ambiente
- Los personajes
- El estilo
- El punto de vista
Hasta ahí, más o menos, son las cuestiones aplicables a todos los casos, pero lo que va a cambiar es el orden en el que vamos a abordarlas.
Y esto es así porque el nacimiento de una novela es muy variado.
A veces, lo primero que se nos vino a la cabeza es un personaje, a veces es un tema, otras veces un lugar… eso es lo que nos entusiasmó, eso es lo que nos enamoró y nos hizo pensar en escribir.
Pero no está en la misma situación el que quiere escribir una novela porque está enamorado de determinado tema, que el que se entusiasmó con un personaje que le vino a la mente, o el que gusta de practicar un estilo literario.
¿Quién de todos ellos se encuentra en un mejor punto de partida?: Me atrevo a decir que ninguno. En cualquier caso, a todos les queda un largo camino por explorar.
Hablamos de novela. Ya que estamos, ¿Qué es lo que caracteriza la novela? ¿Qué la diferencia del cuento?
La primera y más fácil respuesta es la siguiente: la extensión.
Sin embargo, esta respuesta puede inducir a engaño.
Cuando hablamos de extensión no nos referimos ni exclusiva ni primordialmente a cantidad de páginas, sino a que el relato que se desarrolla en la novela tiene mayor densidad que el de un cuento.
Estrictamente, el relato puede ser el mismo. Lo que cambia es el tratamiento de los personajes, del tema, el ambiente, del estilo y, quizás, del punto de vista.
Por otro lado, cuando decimos que lo que cambia es el tratamiento, no estamos hablando solo de que en el cuento habrá menos descripciones y menos matices que en la novela. En definitiva, “más o menos descripciones” es una cuestión de estilo.
Lo que pretendemos decir, en cambio, es que la novela busca conmover al lector a través de su desarrollo, mientras que el cuento busca hacerlo por su conclusión. Por ejemplo, tal vez no nos entusiasme como terminaron algunos de los libros de la saga de Juego de Tronos, pero ciertas descripciones, personajes y o frases se nos quedan pegadas para siempre.
Esto que acabamos de expresar hay que tomarlo con pinzas, porque hay muy interesantes ejemplos para desmentirlo.
Pensemos en los “cuentos de personajes”, como Sherlock Holmes. Este detective y su compañero Watson son inmortales, aunque la gran mayoría de los lectores no recuerden el final de casi ninguno de sus cuentos. Son personajes entrañables que se desarrollan mejor en el formato del cuento que en el de la novela.
De todas maneras, sea cuento o novela, el «relato de personajes» prioriza la relación entre estos y el lector, antes que el tema. En otras palabras, lo que el lector disfruta es ver a sus personajes en acción. Es como relacionarse con amigos o familiares. Lo que importa es que los personajes se comporten como se espera que se comportan. La historia concreta es algo accesorio.
Ahora bien, en estos casos, hay una serie de novelas o de cuentos por las que transitan esos personajes.
De paso, una serie de cuentos o novelas también puede construirse a través de un tema o de un ambiente.
Entonces, lo que dejimos, respecto de que la novela busca conmover al lector a través de su desarrollo, mientras que el cuento busca hacerlo por su conclusión, tiene mayor validez cuando hablamos de cuentos o novelas «aislados», es decir, que no forman parte de una serie.
¿Terminamos acá?
Solo por ahora.
Jorge Oscar Rossi nació a mediados de la década del 60 en el pasado siglo.
Desde que aprendió a leer le apasionó la ciencia ficción, la fantasía, el terror y el género policial.
Para bien o para mal, eso lo llevó a escribir. En las páginas de su libro La Soledad de los Bichos Raros, publicado por Algoritmo, aparecen algunos de los resultados de tan cuestionable decisión.
En el mundo de todos los días, es abogado y se dedica fundamentalmente a la docencia universitaria.

